Un cóctel mortal: así definen los expertos la combinación de factores que provocó la destrucción masiva de edificios durante el doble terremoto que sacudió Venezuela el 24 de junio. Suelos inestables, una zona de alta actividad sísmica y fallas en las construcciones fueron los ingredientes de una ‘tormenta perfecta’ que dejó un saldo de más de 6.300 muertos y miles de personas sin hogar.

El balance del desastre

Los dos sismos consecutivos, de magnitud 7,2 y 7,5, provocaron el colapso de 190 edificios y afectaron otros 856 en Caracas y el estado vecino de La Guaira. Según datos oficiales, casi 22.000 viviendas sufrieron daños severos o son consideradas de alto riesgo, lo que representa el 40% del total evaluado, especialmente en La Guaira y Caracas. Más de 23.000 personas viven en albergues improvisados.

La ‘tormenta perfecta’

El norte de Venezuela, donde se encuentra La Guaira, se sitúa cerca de la frontera de las placas Sudamericana y del Caribe, que generan una alta actividad sísmica al chocar. Pero además, La Guaira, considerada la zona cero del desastre, cuenta con suelos ‘inmaduros’ o ‘no consolidados’ que requieren estudios geotécnicos al momento de construir.

El ingeniero Feliciano De Santis, presidente de la Sociedad Venezolana de Geólogos, explicó que este estado sufrió un mortal deslave en 1999 que, ‘para efectos de la geología sucedió hace un milisegundo’, por lo que ‘esos suelos generalmente tienden a ser suelos sueltos’. Durante los sismos de junio, por las características del suelo, se produjo una ‘amplificación de la señal sísmica’: el terreno se movió con mayor intensidad.

Fallas en las construcciones

El ingeniero japonés Kit Miyamoto, que recorre el estado con apoyo de Estados Unidos, aseguró que en La Guaira ‘detalles importantes’ revelan fallas en la construcción de edificaciones. Por ejemplo, ‘parece que tienen mucho acero, eso parece algo muy bueno’, aunque ‘la barra d’ (el texto se corta aquí).

Las autoridades actualizaron por última vez en 2019 la normativa sismorresistente, que se ha ajustado desde que un terremoto de magnitud 6,6 sacudió la capital en 1967. Sin embargo, los daños evidencian que las prácticas constructivas no siempre cumplen con los estándares requeridos.

El drama de las víctimas

Jennire García y su familia viven desde hace ocho semanas en coloridas carpas a pocos metros de su apartamento hecho ruinas en Catia La Mar, frente a la playa. Su edificio, apenas en pie, se declaró inhabitable por riesgo de derrumbe. ‘Me da tristeza porque es verlo todos los días allá, (pensar en) las comodidades que yo tenía y que aquí no las puedo tener’, lamenta García.

El conjunto residencial donde vivía, construido después del deslave, quedó con profundas grietas en sus paredes amarillas, varios balcones se desprendieron e incluso algunas torres se hundieron. Toneladas de escombros borraron en varios sectores de La Guaira, como Catia La Mar, la característica postal de balneario.