Donald Trump anunció un alto el fuego de dos semanas en el conflicto con Irán, coincidiendo con la decisión de Teherán de reabrir el estrecho de Ormuz. Este acuerdo se produce en un contexto de intensas negociaciones entre ambos países, con el objetivo final de poner fin a la guerra que desencadenaron Estados Unidos e Israel hace cuarenta días.

En el marco de estas conversaciones, Irán presentó un plan de diez puntos que incluye como requisitos el cese total de agresiones contra el país y la retirada de las fuerzas estadounidenses de la región. Además, se exige la prohibición de ataques desde bases contra Irán y la abstención de despliegues militares ofensivos.

Entre las condiciones adicionales, Irán solicita un tránsito diario limitado de buques por el estrecho de Ormuz y el levantamiento de todas las sanciones impuestas, tanto primarias como secundarias, incluidas las de la ONU. También se requiere una compensación por los daños sufridos, junto con el compromiso de no fabricar armas nucleares.

Asimismo, Teherán busca el reconocimiento del derecho a enriquecer uranio y la aceptación de negociaciones para acordar niveles de enriquecimiento. La propuesta contempla la extensión de un principio de no agresión hacia todos los actores que hayan agredido a los grupos de resistencia en la región.

Finalmente, Irán demanda la finalización de todas las resoluciones de la Junta de Gobernadores del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) y del Consejo de Seguridad de la ONU, buscando que todos los compromisos se formalicen en una resolución oficial de la organización internacional.

Las negociaciones se llevarán a cabo en Islamabad, capital de Pakistán. En su anuncio del alto el fuego, Trump declaró que la posibilidad de un acuerdo de paz definitivo está en «una etapa muy avanzada», reflejando un cambio significativo en la dinámica del conflicto.

Por su parte, Teherán consideró la tregua como «una gran victoria» y advirtió que suspenderá sus operaciones defensivas siempre que cesen los ataques en su contra.