En el primer día de tregua en el conflicto de Medio Oriente, Israel lleva a cabo su «mayor ataque» en Líbano desde el inicio de la hostilidad, desafiando el alto el fuego. La ofensiva, que dejó más de 1.500 muertos y desplazó a un millón de personas en el Líbano, no se considera parte de la pacificación por parte del Ejército israelí.

El ataque se produjo horas después de que se anunciara un alto el fuego entre Estados Unidos e Irán. Según el Ejército israelí, este bombardeo ha sido el más significativo desde el comienzo del conflicto el 2 de marzo, impactando en más de 100 objetivos relacionados con Hezbollah en diversas localidades como Beirut y el Valle de la Bekaa.

Entre los objetivos destruidos se incluyen centros de inteligencia y posiciones militares vinculadas al grupo chiíta. El comunicado de las Fuerzas de Defensa de Israel enfatizó que Hezbollah ha “elegido unirse al conflicto” y que sus acciones perjudican a Líbano y sus civiles.

El conflicto se intensificó luego de que Hezbollah comenzara sus ataques a Israel en respuesta a bombardeos israelíes en Irán, tras la muerte del líder supremo iraní. A pesar de que se había declarado un alto el fuego en noviembre de 2024, los ataques israelíes en Líbano continuaron sin cesar.

Las autoridades libanesas han reportado más de 4.800 heridos a causa de los recientes bombardeos israelíes. El Ejército israelí ha reiterado su orden de evacuación para la población del sur de Líbano, indicando que la presión sobre Hezbollah continuará independientemente del acuerdo de cese de hostilidades.

Mientras tanto, se han mantenido las operaciones en la región, a pesar de las declaraciones oficiales que señalan que el alto el fuego debería aplicarse a Líbano, según el primer ministro de Pakistán. Las fuerzas israelíes mantienen una postura firme, afirmando que cualquier persona que permanezca en el sur del país se expone a un grave riesgo.