Una serie de ataques explosivos en Colombia durante el fin de semana ha generado gran inquietud, al menos 21 civiles perdieron la vida y más de 50 resultaron heridos en una bomba detonada en una carretera del departamento de Cauca, justo cuando el país se prepara para elecciones presidenciales.

El ataque más devastador se produjo el sábado en la vía Panamericana, en Cajibío, y se cree que fue llevado a cabo por disidencias de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) que aún no han aceptado el acuerdo de paz firmado en 2016. Este hecho resalta la creciente violencia en una región históricamente contestada por grupos ilegales que buscan controlar actividades clandestinas como el narcotráfico y la minería ilegal.

Desde que Gustavo Petro asumió la presidencia, su gobierno ha intentado restablecer el control en la zona mediante operativos militares y su política de “paz total”. Sin embargo, enfrentan desafíos significativos, ya que muchas de las disidencias han abandonado el diálogo y continuado con sus actividades delictivas.

Elizabeth Dickinson, analista del International Crisis Group, indicó que estos ataques son parte de una estrategia sistemática de presión por parte del Estado Mayor Central. En total, se han reportado 26 atentados en la región en los últimos días, afectando principalmente a fuerzas de seguridad, pero también a civiles, lo que ha suscitado un amplio rechazo social e internacional.

El presidente Petro expresó su compromiso en perseguir al grupo responsable y afirmó que se asignarán recursos para enfrentar la situación. A pesar de los esfuerzos, las fuerzas militares no han logrado consolidar el control en el territorio, donde los grupos ilegales ejercen un alto grado de influencia sobre la población local.

La creciente violencia ha tenido repercusiones en la campaña electoral, donde candidatos de diferentes sectores han utilizado la situación para posicionar sus propuestas de seguridad. Algunos, como Iván Cepeda, líder en las encuestas, han cuestionado la motivación detrás de estos ataques, sugiriendo que podrían servir a intereses de sectores de extrema derecha.

Por su parte, candidatos de la oposición han criticado la política de “paz total”, argumentando que ha fracasado en las negociaciones con grupos armados. En este clima, expertos sugieren que la disidencia busca mostrar su capacidad de ataque para establecer una posición estratégica en futuras negociaciones.