Tini Stoessel busca reorganizar su patrimonio y controlar sus empresas
El conflicto entre Tini Stoessel y su padre, Alejandro Stoessel, sumó un nuevo capítulo tras conocerse los detalles de un documento que expone las condiciones planteadas por la cantante para reorganizar el manejo de su patrimonio. Según informaron en el programa PrimiciasYa, la propuesta apunta a modificar la titularidad de diversas sociedades, contratos, derechos de imagen y regalías vinculados a su carrera.
Cesión de sociedades y control de derechos
Uno de los puntos clave del documento contempla la cesión de participaciones societarias que actualmente están a nombre de Alejandro Stoessel y de Francisco Stoessel, hermano de la artista. La medida abarca empresas constituidas en Argentina y en Estados Unidos, entre las que figura la firma QVT SRL y una compañía radicada en Florida.
A su vez, el plan incluye a una firma orientada a la producción audiovisual y la gestión de contenidos de la cantante. De esta forma, la reorganización busca unificar bajo la titularidad de Tini los contratos vigentes sobre marcas, derechos discográficos, giras e ingresos por regalías.
La intervención de Antonela Roccuzzo y la gestión profesional
En el marco de estos cambios financieros trascendió el rol de Antonela Roccuzzo, quien le habría presentado a la cantante el equipo financiero que la asesora en el proceso. La meta es que los recursos generados por la actividad artística queden bajo la administración de profesionales externos, independientes de su padre, quien ya había dejado de representarla meses atrás.
Hasta la fecha, la información corresponde a los términos de una propuesta difundida de forma pública, por lo que resta saber si el acuerdo será firmado y cómo se estructurará definitivamente el patrimonio de la artista.
El origen del conflicto
El distanciamiento en materia económica comenzó cuando Tini Stoessel y Rodrigo De Paul evaluaban la posibilidad de firmar un contrato prenupcial ante planes de boda. Esa situación llevó a la cantante a investigar sobre sus activos y solicitar información a su padre, encontrando trabas para conocer los detalles de las gestiones.
El detonante ocurrió tiempo después durante una compra cotidiana, cuando la artista intentó adquirir una cartera de 2.500 euros y la tarjeta de débito o crédito fue rechazada. Al comunicarse con el banco, habría descubierto que la cuenta tenía fijado un límite operativo de 2.000 euros por transacción.