El deporte argentino se viste de luto tras la triste noticia de la muerte de Marcelo Araujo, quien falleció en la madrugada del 16 de marzo a los 78 años. Su inconfundible voz se apagó, dejando un legado imborrable en generaciones de fanáticos del fútbol.

En sus últimos días, el estado de salud de Araujo había ido en deterioro. Después de ser internado en el Hospital Italiano por una neumonía, la noticia de su fallecimiento impactó a todos, especialmente a aquellos que crecieron escuchando sus relatos. Cabe recordar que, desde hace un tiempo, vivía en un geriátrico, donde recibía atención constante.

Detrás del famoso relator se escondía un nombre real: Lázaro Jaime Zilberman, nacido el 12 de junio de 1947 en Villa Crespo. Desde joven, su pasión por el periodismo y el fútbol lo llevaron a convertirse en uno de los más grandes del país, dejando su huella en la historia de los medios deportivos.

La carrera de Araujo despegó en los 80 y 90, pero su gran oportunidad llegó en 1989 al convertirse en conductor de Fútbol de Primera. La dupla que formó con Enrique Macaya Márquez se convirtió en un clásico de la televisión, con su famoso “clásico del domingo” marcando una época dorada para el fútbol argentino.

Durante más de diez años, Araujo se consolidó como una figura central en ese ciclo y, tras su salida, continuó haciendo aportes a la televisión. Participó en otros proyectos como 3 en el fondo y se unió al equipo de Fútbol para Todos, donde su voz seguía siendo sinónimo de emoción hasta 2013.

En años recientes, su salud se vio afectada por un accidente doméstico en 2021 y la posterior infección por Covid-19, que requirió una larga internación. En una entrevista de 2023, él mismo compartió sus angustias sobre esta complicada etapa de su vida, aunque su pasión nunca se extinguió del todo.

La partida de Marcelo Araujo deja un vacío profundo en el periodismo deportivo argentino, y la conmoción es palpable entre sus seguidores. Su legado seguirá vivo en las memorias y relatos de aquellos que vivieron el fútbol a través de su voz.