El telescopio espacial Swift de la NASA reingresó de forma descontrolada a la atmósfera terrestre este miércoles y se desintegró sobre el norte de la isla de Sumatra, en Indonesia. Según confirmó la Fuerza Espacial de Estados Unidos, el evento ocurrió a las 7:39 hora del este de EE.UU. (12:39 GMT) y no causó daños en la superficie.

La agencia espacial estadounidense había previsto que la mayor parte del observatorio, de unos 1.450 kilogramos de peso y dimensiones de 5,6 metros de largo por 5,4 metros de ancho, se destruyera por el intenso calor del descenso durante el paso por la atmósfera.

Una misión histórica en la observación espacial

Lanzado el 20 de noviembre de 2004, el observatorio Neil Gehrels Swift fue diseñado con tres telescopios integrados para detectar y estudiar los estallidos de rayos gamma, considerados entre las explosiones más energéticas del universo. Tras ubicar estos eventos, enviaba su posición a observatorios de todo el mundo para su análisis en distintas longitudes de onda.

Aunque su funcionamiento estaba planificado inicialmente para pocos años, la misión permaneció activa durante más de dos décadas y aportó descubrimientos sobre supernovas y la destrucción de estrellas por agujeros negros. El deterioro final de su órbita se aceleró en 2024 producto del incremento en la actividad solar, que expandió las capas superiores de la atmósfera y aumentó el arrastre sobre el artefacto, el cual carecía de propulsión propia para corregir su altura.

Maniobra de rescate y cierre de operaciones

En julio de 2026, la NASA puso en marcha una misión de rescate de 30 millones de dólares mediante la nave robótica LINK, desarrollada por la firma Katalyst Space, con el propósito de elevar su órbita 240 kilómetros. Sin embargo, la operación fracasó en agosto debido a problemas en el control, la orientación y la estabilidad de la nave robótica.

El 26 de octubre se informó que el Swift volaba a menos de 275 kilómetros de la superficie y sus instrumentos ya no lograban sostener observaciones estables. Tras concretar su última medición científica el 20 de octubre, el equipo de operaciones de la Universidad Estatal de Pensilvania dio por terminada la misión.

En cuanto a los fragmentos, científicos de la misión señalaron que componentes específicos de tungsteno, partes de los espejos y seis ruedas de reacción podían resistir el calor de la reentrada, mientras que su máscara conformada por placas de plomo se derretiría casi por completo antes de tocar la superficie.