El INDEC publica este jueves 13 de agosto a las 16 horas la inflación de julio, un dato que pondrá a prueba la desaceleración de los precios tras el 1,9% que marcó el IPC nacional en junio. El mercado espera un número en torno al 2%, aunque algunos analistas no descartan un rebote moderado por encima de ese nivel, influido por aumentos estacionales vinculados a las vacaciones de invierno, tarifas y otros servicios.

Qué proyectan las consultoras

Según el último Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) del Banco Central, realizado entre el 29 y el 31 de julio con la participación de más de 40 consultoras y estudios de análisis, la inflación de julio sería de 2%. Esa proyección no cambió respecto del relevamiento anterior. Los diez participantes con mejores pronósticos en el pasado calcularon un 1,9% para el mes, mientras que la mediana para la inflación núcleo se ubicó en 1,8%.

Desde Mills Capital señalaron que la expectativa para el IPC nacional se mantiene más cerca del 2,1% que del 2,9% porteño, por la diferente composición de ambos índices y por el impacto de los servicios ligados a las vacaciones de invierno. Para LCG, el registro de CABA anticipa una inflación nacional nuevamente por encima del 2%, aunque no necesariamente con la misma magnitud que en la Ciudad.

El 2,9% de CABA, con cautela

La principal referencia previa fue el IPC de la Ciudad de Buenos Aires, que subió 2,9% en julio, frente al 1,8% de junio. Con ese resultado, acumuló un avance de 19,4% en los primeros siete meses del año y de 33,2% en términos interanuales.

Sin embargo, los analistas toman con cautela ese dato como anticipo del índice nacional. Los servicios porteños aumentaron 3,8% en el mes, mientras que los bienes avanzaron apenas 1,4%. Los productos estacionales subieron 10,9%, los regulados 3% y el denominado “Resto IPCBA”, una aproximación a la inflación subyacente, se movió 2,2%.

Esa diferencia en la composición explica por qué no se traslada directamente el 2,9% al dato nacional. La debilidad del consumo, además, sigue siendo uno de los factores que limita la capacidad de las empresas para trasladar aumentos a los precios finales.