Los recientes terremotos en Colombia y Venezuela reavivaron la preocupación en Sudamérica y reabrieron la pregunta sobre si un sismo de gran magnitud podría ocurrir en Argentina. Según especialistas, el país tiene un riesgo sísmico concreto, pero los movimientos en esos países vecinos no modifican la amenaza existente en el territorio nacional.

Zonas de mayor peligro

El Instituto Nacional de Prevención Sísmica (INPRES) divide al país en cinco zonas de peligrosidad sísmica, identificadas de 0 a 4. La zona 4, la de mayor peligro, abarca principalmente el sur de San Juan y el norte de Mendoza, donde las construcciones deben cumplir normas específicas de diseño sismorresistente.

El geólogo y sismólogo Gustavo Ortiz, director del Observatorio Sismológico CONICET-UNSJ de San Juan, señaló que la mayor peligrosidad permanece concentrada en el oeste del país. Además de San Juan y Mendoza, existen áreas de riesgo en el centro de Mendoza, el norte y este de San Juan, el oeste de La Rioja y sectores del noroeste de San Luis.

En el norte argentino también hay fallas geológicas activas, como las de las sierras de La Rioja (Famatina, Velasco y Ambato), el Valle de Lerma en Salta, la Quebrada de Humahuaca y los Valles Calchaquíes.

El mapa de peligrosidad incluye además a Catamarca, Jujuy y Córdoba, según el geólogo Roberto Sidale.

Por qué tiembla en el oeste

El fenómeno se explica por el choque constante entre placas tectónicas, que modela la cordillera. En el caso de Argentina, la subducción de la Placa de Nazca bajo la Placa Sudamericana es el principal motor de la sismicidad en el oeste del país.

Hacia el sur, la dinámica tectónica varía por la inclinación de la placa. La historia sísmica argentina registra eventos extremos en el extremo austral, como el terremoto de 1949 en Tierra del Fuego, que alcanzó una magnitud de hasta 7.7 en la escala de magnitud de momento (Mw).

Sismos en Colombia y Venezuela: ¿pueden afectar a Argentina?

Los movimientos registrados en esos países no aumentan el riesgo sísmico local, según los especialistas consultados. Aunque forman parte de la región sudamericana, los terremotos responden a contextos tectónicos diferentes: Colombia está vinculada a la interacción de la Placa de Nazca y la Sudamericana, mientras que Venezuela también tiene relación con la Placa del Caribe.

La importancia del suelo y la construcción

El impacto de un terremoto no depende solo de su magnitud, sino de la calidad de las edificaciones y las características del suelo. Los terrenos blandos pueden amplificar las ondas y elevar el riesgo de daño. Además, si el sismo coincide con la resonancia natural de un edificio, este puede colapsar.

Por eso se recomienda cumplir estrictamente con las normas de edificación sismorresistente INPRES-CIRSOC 103, priorizando que infraestructuras críticas como hospitales y estaciones de bomberos sigan operativas tras un sismo.

Sismicidad inducida en Neuquén

Además de la sismicidad natural, existen fenómenos de sismicidad inducida. En zonas como Neuquén, se observó un incremento en la frecuencia de sismos de baja magnitud vinculado a la fracturación hidráulica (fracking) en Vaca Muerta, donde la inyección de fluidos a alta presión puede alterar la estabilidad de fallas preexistentes.

La tecnología actual no permite anticipar la fecha ni la hora exacta de un terremoto. La ciencia apunta a detectar segmentos de fallas donde la actividad lleva demasiado tiempo detenida, conocidos como lagunas o gaps sísmicos. La prevención edilicia, el monitoreo sismológico constante y los planes de emergencia siguen siendo la principal herramienta de defensa para las comunidades.