Bajo las aguas del océano Pacífico, la placa de Nazca se desplaza sobre rocas calientes y semifundidas. Su movimiento constante provoca una intensa actividad sísmica en el litoral de Sudamérica, especialmente en Perú, Ecuador, Chile y Colombia. El reciente terremoto en Colombia, de magnitud 7,4, es el ejemplo más reciente de su poder destructivo.

Una placa gigante en movimiento

La placa de Nazca es una de las principales placas tectónicas oceánicas del planeta. Abarca un área aproximada de 15,6 millones de kilómetros cuadrados en el océano Pacífico oriental, extendiéndose desde el sur de Colombia hasta el sur de Chile. Se desplaza a una velocidad estimada entre 7 y 8 centímetros por año sobre las costas sudamericanas, una velocidad muy elevada en términos geológicos.

Aunque una investigación publicada en el Journal of Geophysical Research: Solid Earth indica que su velocidad ha disminuido ligeramente, el peligro sísmico no se reduce. El movimiento constante acumula una enorme tensión tectónica en las zonas donde la placa de Nazca se traba al subducirse bajo la placa Sudamericana, liberándose periódicamente en forma de terremotos de gran magnitud.

El Cinturón de Fuego del Pacífico

Esta región forma parte del Cinturón de Fuego del Pacífico, una inmensa zona geológica conocida por la gran cantidad de fosas oceánicas, volcanes activos y terremotos gigantescos. Chile, Ecuador, Colombia y Perú comparten el mismo riesgo geológico debido a este choque constante entre placas. Sin embargo, aún no existe tecnología capaz de predecir exactamente cuándo ocurrirá el próximo gran terremoto.

Alerta en Perú: energía sísmica acumulada

En Perú, la preocupación es particular. El sismólogo César Jiménez Tintaya, profesor de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, advirtió que la región central del país tiene energía sísmica acumulada desde 1746, cuando ocurrió el último megaterremoto. Según el experto, los últimos terremotos que golpearon la región apenas han liberado un 20% de esa energía acumulada.

Jiménez Tintaya señaló que en los siglos XX y XXI, terremotos como los de 1940 en Huacho, 1966 en Barranca, 1974 en Chilca-Lima y 2007 en Pisco-Ica, todos de magnitud 8 a 8,1, liberaron solo alrededor del 20% de la energía acumulada. Esto significa que podría ocurrir un terremoto de magnitud 8,5 a 8,8 en la región central del Perú, cuyo epicentro podría ubicarse en el mar, a una profundidad superficial, y estar seguido de un tsunami.

El riesgo para Lima

En el caso de Lima, un gran terremoto tendría un foco superficial, lo que implicaría movimientos verticales y horizontales, estos últimos más peligrosos para las edificaciones. «Eso va a mover el edificio, la edificación norte a sur, componente este-oeste, y eso va a hacer colapsar», explicó el sismólogo.

El recuerdo del terremoto de Lima de 1746, de magnitud estimada entre 8,6 y 9,0, seguido de un tsunami que arrasó el Callao, es una advertencia histórica. En aquella ocasión, de 5.000 habitantes solo sobrevivieron 200 personas, el 4%. Jiménez Tintaya destacó que hoy se cuenta con sistemas de alerta temprana como sismógrafos, mareógrafos y GPS, lo que permite confiar en la preparación ante un evento similar.

Tras el terremoto en Colombia, el experto señaló que la magnitud de los daños pudo deberse a la calidad y antigüedad de las construcciones, así como a la baja calidad de los suelos por lluvias recurrentes.