El clásico paraguayo entre Olimpia y Cerro Porteño fue suspendido por falta de garantías tras una feroz batalla campal en las tribunas.

El encuentro, que se esperaba fuera un espectáculo vibrante en el Estadio Defensores del Chaco, se tornó en una pesadilla cuando tan solo habían transcurrido 30 minutos del primer tiempo. El árbitro Juan Gabriel Benítez tomó la drástica decisión de detener el juego debido a la violencia desatada en la Gradería Norte, donde los hinchas del “Ciclón” iniciaron un enfrentamiento contra la policía.

La situación se salió de control rápidamente, con proyectiles volando y un grupo de hinchas despojando a un agente policial de su escudo protector, exhibiéndolo como un trofeo en medio del caos. La represión policial, con gases lacrimógenos y pimienta, solo intensificó la locura, dispersándose hacia sectores donde se encontraban familias, generando escenas aterradoras con padres huyendo con sus hijos en brazos.

En medio de la tormenta, los jugadores de Cerro Porteño, liderados por el argentino Pablo Vegetti, hicieron lo imposible por ayudar a los aficionados. Dejar de lado el partido y lanzar botellas de agua hacia las gradas fue su respuesta visceral ante la desesperación de la gente que enfrentaba el gas.

Finalmente, Michel Sánchez, director de competiciones de la APF, confirmó la suspensión: “No existen las garantías mínimas para continuar”. Con el marcador aún 0-0 y un homenaje a Richard Ortiz por sus 500 partidos en el horizonte, la frustración y la indignación se apoderaron de todos los presentes.

Esta situación promete tener repercusiones significativas. Se espera que el Tribunal de Disciplina de la Asociación Paraguaya de Fútbol tome decisiones contundentes contra quienes fueron responsables de esta violencia, recordando que el fútbol siempre debe ser una celebración, no un campo de batalla.