La sequía extrema y las altas temperaturas están modificando el paisaje de distintas regiones de Europa, con consecuencias visibles sobre algunos de los principales ríos del continente. La caída de los caudales afecta al transporte fluvial, el turismo y otros sectores vinculados al agua.

Ríos europeos en niveles mínimos

El Rin, uno de los ríos más importantes para el transporte, registra niveles históricamente bajos. En Colonia, por ejemplo, el río está en 74 centímetros, uno de los registros más bajos de su historia. En los Países Bajos, el caudal es apenas del 37 por ciento del nivel normal, lo que obliga a las embarcaciones a reducir su carga para evitar quedar varadas.

El Danubio tampoco escapa a la crisis: hay varios tramos secos, y algunos turistas tuvieron que continuar el recorrido por tierra porque los barcos no podían navegar. El descenso de sus aguas dejó al descubierto restos de la Segunda Guerra Mundial que permanecían ocultos bajo el agua, como barcazas y material flotante hundido.

La situación se repite en otros puntos del continente. El Po, en Italia, tiene una bajante del 40 por ciento en su curso, y el Loire, en Francia, presenta varios kilómetros secos.

Incendios y calor extremo en el Reino Unido

La falta de agua también incrementó el riesgo de incendios. En West Midlands, las llamas se propagaron y dejaron personas hospitalizadas, bomberos afectados y viviendas destruidas. “Hay gente que ha perdido la casa”, dijo el periodista Marcelo Justo, quien relató el caso de una familia cuya vivienda, habitada durante 23 años, fue arrasada por el fuego.

El panorama climático es especialmente preocupante: tres cuartas partes del país están en sequía, y Gales se encuentra declarada en sequía en todas sus zonas. Según Justo, se trata del verano más caluroso que tuvo el Reino Unido en 100 años prácticamente.