Las principales agencias meteorológicas globales advirtieron que el fenómeno de El Niño ingresó en una fase crítica caracterizada por un acoplamiento acelerado entre el océano y la atmósfera. Según los modelos presentados por la Organización Meteorológica Mundial (OMM) y el Centro de Predicción Climática de la NOAA, existe más de un 90% de probabilidad de que el evento alcance la categoría de intensidad «muy fuerte».

Los índices semanales superan los umbrales operativos habituales de un fenómeno estándar, posicionando a este episodio en la trayectoria de las marcas más intensas del registro histórico. Las observaciones satelitales y mediante boyas marinas constataron anomalías térmicas acentuadas en las zonas denominadas Niño 3.4 y Niño 1+2.

Interacción entre el océano y la atmósfera

El debilitamiento persistente de los vientos alisios impulsó el ascenso hacia la superficie de una masa de agua cálida subsuperficial. Sobre este punto, la jefa del Equipo de Pronóstico de El Niño-Oscilación del Sur de la NOAA, Michelle L’Heureux, explicó que la reserva de calor en la termoclina continúa alimentando las anomalías en la superficie marina, lo que mantendrá la intensidad del evento hasta entrado el período invernal.

Frente a este escenario, la secretaria general de la OMM, Celeste Saulo, remarcó la importancia de las medidas preventivas. «Los pronósticos estacionales anticipados y las alertas tempranas son vitales para salvar vidas y amortiguar el impacto en nuestras economías y nuestras comunidades. Incluso un fenómeno de El Niño moderado aumenta la probabilidad de eventos extremos, por lo que una fase muy fuerte exige una preparación inmediata en la infraestructura global», sostuvo.

Impactos en el clima y la salud pública

El desarrollo de este evento sobre una base térmica planetaria sin precedentes incrementa la volatilidad climática a nivel mundial. Esta situación elevará la probabilidad de sufrir fenómenos extremos como sequías prolongadas e inundaciones severas en diversas áreas geográficas.

Asimismo, los organismos advirtieron que la evolución del fenómeno puede acarrear complicaciones en la seguridad alimentaria, alterar la producción de energía hidroeléctrica y generar riesgos para la salud pública debido a la propagación de vectores de enfermedades en regiones anegadas.