¿Puede un edificio inspirado en un juego convertirse en un mejor lugar para vivir? En Puerto Madryn, en la Patagonia, un estudio de arquitectos respondió esa pregunta con una propuesta que rompe con la arquitectura tradicional. Cubos que se desplazan, piezas que parecen encastrarse como en el Tetris o bloques que desafían la gravedad como en el Jenga dejaron de ser solo un recurso estético para transformarse en una herramienta capaz de mejorar la iluminación, generar grandes terrazas y ofrecer departamentos diferentes entre sí.

Detrás de ese concepto se encuentran los arquitectos Mauricio Oporto y Josefina Diez, socios fundadores de Oporto Diez Arquitectos, quienes hace dos décadas desarrollan proyectos en la región y, desde hace diez años, decidieron impulsar emprendimientos propios. Así nació lo que definieron como arquitectura lúdica, una línea de edificios que ya incluye Qube, Tetris, Jenga y, próximamente, Dominó, todos inspirados en juegos clásicos pero concebidos para aportar valor al mercado inmobiliario.

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La arquitectura lúdica nació porque entendimos que debíamos hacer algo disruptivo. Después de muchos años de trabajo sentimos que era el momento de romper con los esquemas tradicionales y ofrecer una propuesta distinta”, explicó Oporto.

La idea apareció casi por casualidad. El arquitecto observó un cubo mágico y comenzó a imaginar cómo esa geometría podía trasladarse a un edificio. El resultado fue Qube, un desarrollo residencial de ocho pisos donde cada departamento presenta una distribución diferente y aprovecha el desplazamiento de los volúmenes para incorporar terrazas de aproximadamente 3 por 3,5 metros.

El edificio Jenga lleva el concepto de bloques desplazados a una nueva escala. Algunos volúmenes sobresalen hasta seis metros gracias a una compleja estructura de hormigón armado (Foto: Estudio Diez Oporto)

Comentó: “Los llenos y los vacíos que generan los desplazamientos de los cubos no responden solamente a una búsqueda estética. Cada movimiento mejora la iluminación y la ventilación, aporta mayor flexibilidad y crea espacios exteriores que enriquecen la experiencia de vivir el edificio. No existe un solo departamento igual a otro”.

Aquella primera experiencia marcó el camino para los proyectos siguientes. El estudio tomó la lógica del videojuego Tetris para diseñar un edificio de oficinas cuyas piezas parecen encastrarse entre sí y generan nuevas expansiones, juegos de luces y terrazas para cada unidad. Más tarde llegó Jenga, un edificio residencial ubicado a pocos metros del mar, donde los bloques sobresalen hasta seis metros gracias a una compleja estructura de hormigón, mientras que Dominó, previsto para comenzar el próximo año, buscará llevar el concepto a una nueva escala con una torre de oficinas y un basamento comercial.

Uno de los inmuebles cuando estaba en plena obra (Foto: TN)

Uno de los inmuebles cuando estaba en plena obra (Foto: TN)

La respuesta del mercado terminó de confirmar que la apuesta iba mucho más allá de una fachada diferente. Según Oporto, quienes compran una unidad no solo buscan una inversión inmobiliaria, sino una forma distinta de vivir o trabajar. Esa identificación aparece incluso antes de la entrega de los edificios, cuando los futuros propietarios siguen la evolución de la obra y sienten que forman parte del proyecto.

Aseguró: “La persona no compra solamente un departamento. Se imagina viviendo ahí. Lo mismo ocurre con quienes adquieren una oficina. Se apropian del edificio, lo fotografían, lo muestran y sienten que forman parte del proyecto”.

Del diseño al valor inmobiliario

Lejos de buscar una imagen llamativa por sí sola, el estudio sostiene que cada decisión de diseño responde a una mejora concreta para quienes habitan o trabajan en los edificios en Puerto Madryn, y a pasos del mar.

“La arquitectura tiene que estar al servicio de las personas. No puede convertirse en un simple capricho estético del arquitecto. Si el diseño no mejora la manera de vivir un espacio, pierde sentido”, sostuvo Oporto.

Vista desde las terrazas de Tetris
Los vacíos que deja el movimiento de los cubos se transforman en amplias expansiones exteriores, una de las características distintivas del edificio  (Foto: Estudio Oporto Diez)

Vista desde las terrazas de Tetris
Los vacíos que deja el movimiento de los cubos se transforman en amplias expansiones exteriores, una de las características distintivas del edificio (Foto: Estudio Oporto Diez)

Esa filosofía también obliga a resolver desafíos técnicos que no aparecen en un edificio convencional. Cada proyecto requiere un trabajo permanente en modelos tridimensionales para verificar que los desplazamientos de los volúmenes mantengan la funcionalidad interior y puedan ejecutarse desde el punto de vista estructural.

El arquitecto explicó que cada departamento presenta una distribución diferente, aunque siempre procura mantener la lógica de circulación y concentrar los núcleos húmedos para optimizar las instalaciones. Todo el proceso se desarrolla junto al ingeniero estructural Hernán Martinetti, quien integra el equipo desde hace veinte años y participa en la resolución de cada desafío técnico.

Diez explicó: “Cada volumen responde a una decisión funcional. No diseñamos primero la fachada para después acomodar los departamentos. El edificio nace desde el uso cotidiano y después aparece la forma”.

Qube uno de los proyectos de arquitectura lúdica desarrollado por el estudio en Puerto Madryn. La composición de cubos desplazados inspirada en un cubo mágico redefine la imagen tradicional del edificio residencial  (Foto: Estudio Oporto Diez)

Qube uno de los proyectos de arquitectura lúdica desarrollado por el estudio en Puerto Madryn. La composición de cubos desplazados inspirada en un cubo mágico redefine la imagen tradicional del edificio residencial (Foto: Estudio Oporto Diez)

La complejidad estructural también incrementa los costos. Mientras que en un desarrollo convencional la estructura representa alrededor del 30% del presupuesto total, en los proyectos de arquitectura lúdica ese porcentaje asciende aproximadamente al 40%.

“Necesitamos grandes tabiques de hormigón para sostener volúmenes que vuelan hasta seis metros. Además utilizamos ventanales de piso a techo, por lo que toda la estructura debe pensarse de otra manera”, Detalló Diez.

El estudio también definió una paleta de materiales que responde a las condiciones climáticas de la Patagonia. El hormigón visto, el ladrillo visto y las superficies blancas predominan en todos los desarrollos porque requieren escaso mantenimiento frente al aire marino, la humedad y la radiación solar.

El mercado paga un plus por la diferencia

La propuesta encontró una rápida aceptación entre compradores e inversores en la ciudad donde las ballenas forman parte de la atractivo de quienes visitan Puerto Madryn. Oporto sostuvo que el mercado reconoce el valor agregado del diseño y está dispuesto a pagar un diferencial cuando el producto ofrece características que no existen en otros edificios: “Defendemos nuestros valores porque creemos que el diseño también tiene valor económico. La gente entiende qué está comprando y acepta pagar ese plus”.

Los números acompañan esa evolución. Cuando comenzó la construcción de Tetris, el costo rondaba los US$1050 por m2. Actualmente, durante la etapa final de Jenga, asciende aproximadamente a US$1380 por m2.

En cuanto a los valores de venta, Jenga comercializa sus unidades entre US$2450 y US$2600 por m2, mientras que Restinga, otro emprendimiento residencial ubicado a unos 50 metros del mar, ofrece departamentos desde alrededor de US$2100 por m2 (este en sus primeros pasos.

Render de Restinga, la imagen anticipa el resultado final, donde los volúmenes desplazados generan una fachada dinámica y espacios exteriores para cada unidad (Foto: Estudio Oporto Diez)

Render de Restinga, la imagen anticipa el resultado final, donde los volúmenes desplazados generan una fachada dinámica y espacios exteriores para cada unidad (Foto: Estudio Oporto Diez)

Las superficies también buscan diferenciarse de la oferta tradicional. Los departamentos de un dormitorio parten desde unos 55 m2; las unidades de dos dormitorios rondan entre 82 y 85 m2, mientras que los de tres dormitorios alcanzan aproximadamente 170 m2. En todos los casos incorporan amplias terrazas que reemplazan al balcón convencional.

El próximo desafío ya tiene nombre

Mientras Jenga ingresa en su etapa final y Restinga continúa su construcción, el estudio prepara el lanzamiento de Dominó, un edificio de oficinas y locales comerciales que buscará convertirse en una nueva referencia arquitectónica de la ciudad.

Arquitectura lúdica: por qué construyen edificios inspirados en juegos como Tetris o Jenga y cuánto cuestan sus departamentos

El proyecto, también en Puerto Madryn, ocupará un terreno rodeado por calles, sin medianeras, condición que permitirá desarrollar plenamente el concepto volumétrico inspirado en las piezas del tradicional juego.

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Oporto incluso anticipó que la saga podría continuar con nuevas ideas inspiradas en otros clásicos.

“La arquitectura todavía tiene mucho espacio para sorprender. Queremos que cada edificio aporte algo distinto a la ciudad y que el diseño mejore realmente la experiencia de quienes viven o trabajan allí. Ese siempre fue nuestro objetivo”, concluyó.