La bronca por los cortes de luz que se registran a diario en distintos puntos de La Plata ahora se suma a otro motivo de reclamo: las largas filas que se forman frente a la oficina central de Edelap, en avenida 13 entre 32 y 33. Decenas de vecinos llegan cada día con facturas en la mano para protestar por distintos problemas con el servicio, entre los que se destacan los fuertes aumentos y la atención.

Subas que triplican los montos

Según los testimonios recogidos por El Día, el nuevo aumento de tarifas convirtió a las boletas en uno de los principales motivos de queja. Varios usuarios aseguran que recibieron facturas con importes que triplican los de meses anteriores.

Un vecino contó que a su mamá le llegó una boleta de 300 mil pesos, cuando antes pagaba 100 mil. Y dijo que en su casa el salto fue de 75 mil a 300 mil pesos. «Terrible», resumió.

Un jubilado que fue hasta la sede en busca de una explicación relató que, a pesar de haber hecho los trámites para pagar menos, recibió una factura todavía más alta: 60 mil pesos. «Algunos están pagando hasta 200 mil pesos. Un desastre», aseguró.

Cortes pese a estar al día

Las subas no son el único motivo de enojo. También hay usuarios que denuncian cortes de luz a pesar de tener el pago al día. Una joven fue a reclamar por el caso de su abuela y mostró los comprobantes de pago en el teléfono: «Le están llegando facturas que ya abonó. Están los recibos, pero le cortaron la luz igual», dijo.

Quejas por la atención

Las demoras y las largas filas para ser atendidos son otra de las quejas que se repiten. Algunos clientes aseguran que deben esperar durante horas y que, en algunos casos, no logran ingresar a la oficina.

Una vecina contó que fue a realizar un alta de suministro y tuvo que volver al día siguiente porque no la atendieron. «Me dijeron ‘venite mañana’. Vine, no me dejaron pasar y tuve que hacer toda la fila de vuelta», relató.

Gastón Begué, otro usuario, denunció una situación similar: se presentó para pagar una deuda y encontró la persiana baja pese a que el horario de atención era hasta las 15. «Muchas personas estábamos a las 13.45 y no nos dejaban entrar». Según contó, desde la empresa le explicaron que ya había unas 40 personas adentro y que no iban a atender a más. Tras reclamar la presencia de un superior, logró que ingresaran una persona con discapacidad y una mujer con un hijo electrodependiente que estaba «llorando en estado de shock».

Begué anticipó que realizará una denuncia ante el ente regulador y calificó la situación como «un manoseo al cliente».